En un pequeño pueblo llamado Sonrisas, vivía un payaso llamado Risas.
En un pequeño pueblo llamado Sonrisas, vivía un payaso llamado Risas. Él era diferente a los demás payasos, porque tenía un mágico talento: podía hacer que cualquier persona se sintiera feliz con solo sonreír. Sus grandes zapatos de colores y su nariz roja brillante eran el sello de su alegría.
Un día, una nube oscura apareció sobre Sonrisas. La gente comenzó a sentirse triste y preocupada. Las flores ya no sonreían, los niños dejaron de jugar y las risas se apagaron. Risas decidió que era el momento de actuar. Sabía que la alegría era más fuerte que cualquier nube oscura.
Risas se puso su traje más colorido y salió al centro del pueblo. Con su tambor y su flauta, comenzó a tocar una alegre canción. Al principio, la gente miraba con desconfianza. Pero Risas no se rindió. Hizo malabares con aros y se pintó la cara de muchos colores. Poco a poco, algunas personas empezaron a sonreír.
Mientras la música sonaba, Risas vio a una niña sentada sola en un banco. Tenía una expresión muy triste. Risas se acercó a ella y le ofreció un globo en forma de perro. La niña miró el globo y su rostro se iluminó. “¿Te gustaría jugar conmigo?”, le preguntó Risas. La niña asintió con la cabeza y ambos comenzaron a bailar entre risas.
Poco a poco, más y más personas se unieron a la fiesta. La música de Risas se extendía por todo el pueblo. Los ancianos, los jóvenes y los niños comenzaron a reír, a bailar y a disfrutar. La nube oscura, al darse cuenta de que ya no podía robar la alegría, empezó a desvanecerse.
Risas, emocionado, decidió hacer algo especial. Sacó una gran caja de sorpresas y comenzó a compartir regalos con todos. Había juguetes, caramelos y libros. La felicidad se contagió a cada rincón de Sonrisas.
Finalmente, cuando la última nota de su canción sonó, el sol salió brillando con fuerza. La nube oscura desapareció por completo. La gente aplaudió y vitoreó a Risas. Él sabía que su misión estaba cumplida: había traído la alegría de vuelta al pueblo.
Desde aquel día, Risas se convirtió en un héroe. Cada vez que alguien necesitaba un poco de felicidad, solo necesitaba buscar al payaso en el pueblo, y la sonrisa nunca faltaría en Sonrisas.
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